Imaginad la situación:
La parienta ha venido a casa, tras su primer turno de noche,
a las 7am. Silencio sepulcral, que luego hay que aguantar malos humos.
Me decido por limpiar y ordenar. Después hago la compra y la
despierto con su plato preferido. Hasta ahí todo bien.
Echo un vistazo al Facebook y, en el grupo local, anuncian
una (agarraos) Batucada Solidaria este mediodía en el bosquecillo que está a
unos metros de casa. Genial. Cuenta atrás para el estruendo de tambores.
Vuelvo a casa de la compra. Silencioso en todo momento - sin
zapatos – con los gatos sobornados para evitar cualquier maullido inoportuno.
Los vecinos se han ido (no sin algún decibelio que otro… lo más normal del
mundo.
En medio de los ecos de una tamborada de esas, que parece que una tribu de caníbales haya
cercado tu pueblo, avanzo de puntillas por la planta superior y, desde lejos
(desde el dormitorio) me sorprende una vocecilla medio dormida, pero cargada
hasta los topes de sarcasmo:
- ¿TE CREES SILENCIOSO?
- ¿TE CREES SILENCIOSO?
Ojo a la pedazo de cicatriz en la lengua para no responder a
voz en grito.
- -
¿QUÉ SI ME CREO SILENCIOSO? ¡¡¡YO HICE LA MILI
EN LAS COEs!!! ¡¡¡EN UNAS MANIOBRAS PILLÉ DESPREVENIDO A UN PREDATOR!!! (al
alienígena … no al drone)
Que si “me creo silencioso”…



No hay comentarios:
Publicar un comentario